sábado, 2 de febrero de 2013

NUEVO CICLO (Prodromo)

Esta nave comienza a llevarnos a costas inusitadas. Es el momento de explorar y apearnos de la nave de los locos para llevar algo de la claridad de la locura en cada paso que damos por esta tierra desconocida.

Nuestras antorchas están encendidas y nuestros ojos están ávidos de hallazgos. Pero nuestro andar no es ya el mismo que nos movía hace unos años cuando comenzábamos esta deriva de locos, poetas y profetas. Hemos pasado por los mares de teorías existenciales, hemos atravesado canales y estrechos metodológicos, hemos descansado en remansos de actividades vivenciales y experiencias con el cuerpo, el movimiento, las artes gráficas y musicales. Hemos estado en silencio y hemos sorteado tormentas y corrientes, vientos a favor y vientos en contra. Y en este instante del viaje, nuestra barca encuentra un sitio donde podamos descender y establecernos. Nos parece algo venturoso este encuentro y descendemos con nuestra barca bien asegurada, ningún loco quiere dejar de ser tan loco como para dejar de explorar. Decía que nos parece venturoso y provechoso porque ya se divisaban nubarrones de tormentas capaces de aniquilarlo todo a su paso, nubarrones que van borrando lo que ven diferente, fortaleciéndose con los escombros. 

Ahora, entonces, descendamos de esta nave de los locos pero nunca la olvidemos. Nunca se sabe cuándo habrá que volver a zarpar.


jueves, 30 de agosto de 2012

Para aclarar.

Recibí por correo electrónico el artículo que reproduzco a continuación, no sin antes dejar un comentario mío e invitar a todos los participantes de este blog a comentar sus impresiones, opiniones y críticas al mismo. Me parece que hay allí una oportunidad perdida por aventurarse a afirmar conclusiones estructurales. Cito a Renato Zambrano, un colega cercano: "Cuando sólo se tiene un martillo por herramienta, todo comienza a parecerse a un clavo".

Se desperdicia la oportunidad de criticar el modelo cultural del consumismo, junto con sus prácticas sociales y de crianza, por dar lugar a una ambigüedad: si se trata de algo estructural de la mente humana, entonces no hay crítica cultural que valga. El problema es que se habla de ambas como si implicaran la misma cosa. Si hay cambios estructurales en la mente humana, el problema se hace insoluble a través de la pura reflexión, y se cae en una tautología, ya que no se puede definir qué dio origen a qué; si fueron las prácticas sociales y de crianza las que causaron los cambios estructurales en la mente humana o si fueron estos cambios estructurales en la mente humana los que dieron lugar a cambios en las prácticas sociales y de crianza. Una investigación que parta de la casuística debe cuidarse de universalizar conclusiones elevándolas al nivel de estructura.

El mérito está en la inquietud por casos tan problemáticos. Son temáticas tabú en las instituciones encargadas de proteger y velar por los derechos de niños, niñas y adolescentes y se tratan como si fueran meras excepciones, negando que sí hay problemáticas cada vez más agudas en la estructura social por cuenta del consumismo y las relaciones interpersonales cada vez más utilitarias y superficiales. Ahí sí dio en el clavo el doctor Guillermo Carvajal. En esto sí estoy de acuerdo, pero, repito, por obnubilarse ante la sensación de estar "ante un nuevo ser humano", puede estar perdiendo la oportunidad de incidir en el problema cultural que evidencia.

Estamos ante un nuevo ser humano"
Por: Mariana Suárez Rueda

Publicado en http://www.elespectador.com/impreso/vivir/articulo-369499-estamos-un-nuevo-ser-humano

Tras 15 años de investigación, el psiquiatra Guillermo Carvajal concluyó que la mente de niños y adolescentes sufrió un cambio estructural. Sus relaciones afectivas se transformaron y ahora son más arriesgados y vulnerables. ¿Qué está sucediendo?
El psiquiatra Guillermo Carvajal tiene más de 40 años de experiencia clínica en adolescentes. Los casos que ha visto han inspirado varios libros. / El Espectador
Jean Paul, de ocho años, entra entusiasmado al consultorio. No ve la hora de mostrarle a su psiquiatra el nuevo video de internet que circula entre sus amigos. Se trata del cuento de Ricitos de Oro, pero totalmente modificado. Los diálogos están llenos de palabras y expresiones soeces y en una de las escenas un castor abusa sexualmente de la pequeña niña.
Karla, de once años, acude al mismo lugar porque fue expulsada del colegio y sus padres no saben qué hacer. Con picardía mira al psiquiatra y le dice que no entiende por qué tanto alboroto, si lo único que hizo fue revender unas pastillas de éxtasis entre sus compañeras, pero jamás se atrevió a consumir ninguna.
Contrario a los casos anteriores, Alicia, de 12 años, llega preocupada. No sabe cómo resolver el problema que la aqueja. Su novio se peleó con su novia y está en el dilema de a cuál de los dos elegir, si a él o a ella. Brenda, de 13 años, abre la puerta del mismo consultorio con una sonrisa. Está feliz porque el día anterior le dio derechos sexuales especiales a un amigo cercano. No son novios y no tienen ningún compromiso salvo el mutuo acuerdo de satisfacer los deseos del otro.
Durante casi dos décadas el psiquiatra y psicoanalista Guillermo Carvajal ha escuchado en su consultorio casos como estos, pero en los últimos cinco años ha notado un cambio estructural en la mente de niños y adolescentes. ¿Qué está sucediendo? Para encontrar respuestas repasó las historias clínicas de sus pacientes y comenzó una investigación que concluyó con la publicación del libro Prioridad: pervertir a los niños, que se lanza este jueves en Bogotá y que busca poner a reflexionar a padres, maestros, autoridades y a los mismos menores de edad.
Lo que encontró este profesor universitario, fundador del Instituto Colombiano de Psicoterapia Integral, “es que los infantes y jóvenes están cada vez más desprovistos de las cosas que consideramos importantes en nuestra crianza. Son más rebeldes, incrédulos, curiosos, sin límites en su conocimiento, con una percepción compleja que les permite realizar con éxito varias actividades al mismo tiempo”.
Sin embargo, dice con preocupación, asimismo han desarrollado una tendencia brutal a la acción sin pensamiento, con gran osadía y sin medir las consecuencias. Su mente, asegura, “es una especie de mezcla entre máquina y persona y la computadora juega un papel primordial”. Además han encontrado nuevas maneras de mirar la realidad y la sexualidad. Todo está permitido.
Aunque de lo descrito se desprenden aspectos maravillosos, como su habilidad para desenvolverse, aprovechar la tecnología y aprender cualquier cosa con facilidad, también puede llevarlos a situaciones peligrosas de no retorno. Carvajal llegó a la conclusión de que estamos ante un nuevo ser humano, que se caracteriza por su bajo nivel de frustración y por estar propenso a autodestruirse. Es egoísta, abandonó cualquier forma de espiritualidad y su manera de relacionarse con otros es diferente.
No busca el compromiso, sino la satisfacción inmediata de los deseos, la sexualidad cruda y desafectada y por eso los noviazgos, por ejemplo, están siendo reemplazados por relaciones espontáneas basadas en el sexo. “A esto se suma un marcado rechazo a la escuela, un constante aburrimiento e infelicidad. Y, advierte Carvajal, como experto en la conducta humana no puedo quedarme callado ante estos fenómenos”.
La explicación a lo que está sucediendo es compleja, pero principalmente se basa en el consumismo desmedido, en la sobreestimulación que están recibiendo constantemente de la publicidad, la internet y la televisión, en la ansiedad que experimentan de tener que comprar cosas y poseer el último dispositivo, celular o atuendo, de estar conectados todo el tiempo sin ningún límite.
La llamada generación net es brillante, pero terriblemente vulnerable, influenciable. La escuela ha hecho bien en transformar sus modelos represivos por una educación amorosa, que no frustra. Pero es vital que padres y maestros tomen conciencia del impacto del consumismo desmedido y se vuelvan más prácticos. Finalmente, concluye Carvajal, “que no olviden que hoy a nuestros niños y jóvenes les sobra la información, lo que hace imperativo organizarla para que les sea útil y productiva y encuentren en ella valores agregados que aporten a su formación como seres humanos”.

viernes, 10 de febrero de 2012

Bello, Antioquia, Colombia.
Sábado, 11 de febrero de 2012
00:18


Muy apreciadas mujeres, en especial las más feministas:

El motivo de esta misiva sin mucho futuro es simple: estoy harto de sentir sobre mis espaldas, y también en forma de tensión sobre la boca del estómago, la llamada deuda histórica hacia la mujer. Yo no tengo ni con qué pagar los servicios públicos, mucho menos voy a poder pagar siglos y siglos de desigualdad por cuenta de tantísimos antepasados de todas las personas (me niego a utilizar ese vicio de todos y todas, no sólo por no sacrificar la fluidez de la misiva, sino porque además de no pagar ninguna deuda escribiendo ambos géneros en cada artículo, pienso que terminaría separando hasta en el discurso a las mujeres de los hombres como si no hicieran parte del grupo humano principal: el de las personas o, para quienes sientan más comodidad con los lenguajes filosófico-psicoanalíticos: el de la subjetividad -¿cómo sonaría los y las sujetos y sujetas?-).

Luego de este largo paréntesis, continúo con mi imposibilidad de pagar ninguna deuda, y mucho menos histórica. Además de que no he sido partidario de patriarcados, ni matriarcados, y teniendo en cuenta que la exclusión femenina se dio bajo el patriarcado ejercido desde la política y la iglesia, más que todo católica; y como yo no soy ni político ni sacerdote, me parece injusta esa presión sobre la boca del estómago y esa tensión sobre la espalda. Es más, mujeres, si hay tipos buenas papas con ustedes, somos precisamente aquellos a quienes ustedes más les martillan ese asunto de la deuda histórica.

Si la deuda histórica es no poder hablar con libertad, sino bajo la estricta autovigilancia (por no decir autosensura) que imprime el "enfoque de género" (además de lo enredado que es a veces
-pues si ustedes mismas se pegan unas enredadas tremendas-). Un "enfoque" bajo el cual los hombres no pueden ya decir nada porque las mujeres hablan y mandan a callar, interrumpen a los hombres, y además de todo, no les vuelven a dar la palabra aunque se les entuma la mano de mantenerla levantada...

Si el "enfoque de género" es cobrar la deuda histórica, entonces prefiero que crean que soy un enemigo de sus feminismos, porque mi postura es muy diferente. Estoy hablando desde aquí y desde ahora, considerando la necesaria justicia y equidad de los géneros, pero manteniéndome lejos de las posturas revanchistas que muchas veces prosperan subliminalmente hasta en reuniones corporativas donde, ya se sabe, hay mujeres muy inteligentes y muy bien preparadas, las cuales con toda seguridad tienen claro (intelectualmente) que el "enfoque de género" no es eso de cobrárselas con los hombres de ahora por los maltratos y las exclusiones de los hombres de antes, sino que mira la realidad actual y lucha porque esos maltratos y exclusiones no se perpetúen. Y sin embargo, a pesar de esta claridad (insuficiente por ser más que todo intelectual) suceden, como ya dije, subliminalmente (por no decir la trillada expresión psicoanalítica), varias actitudes y tendencias que niegan esa "claridad" de manera tajante (física y corporalmente, a través de las actitudes y los gestos).

Hermosas, quiero que tengan claro que no soy un enemigo, sino un loco que dice lo que piensa y observa. Por favor, pónganse atención, tal vez puedan asentir mis observaciones o desmentirme. Ojalá me desmientan con sus actitudes y gestos. Gracias por la atención prestada.

Atentamente,

Ex Ácaro 2 y Átomo anatómico 1.
Actualmente, TDAH 3

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Una experiencia de apertura musical

Un juego simple con las emisoras puede dar lugar a una actividad bien interesante para permitir experiencias nuevas con el cuerpo y los sentidos, dando lugar a una mayor tolerancia a lo desconocido.

Les comparto el juego para que lo utilicen cada vez que lo necesiten. En el barrio donde estoy trabajando, casi la única música que se puede oír es reguetón. Oír un vallenato es una odisea y un rock ya es un milagro. Sin embargo, he sido testigo de varias odiseas y he sido partícipe de uno que otro milagro. Los niños y jóvenes tienen una actitud cerrada a otros ritmos musicales, pero más bien porque no los han oído casi. Es decir, porque ni siquiera han podido desarrollar el gusto por otros géneros: no los han probado hasta encontrarles el sabor. Y mientras más tiempo pasan evitando ese contacto, más difícil será que puedan encontrar dicho sabor, porque más intolerantes se habrán vuelto y con mayor premura presionarán el cambio al esquema vocal, rítmico y corporal conocido y hasta trillado. Su gusto por el reguetón ya no es sólo un gusto, sino también un síntoma de angustia ante lo desconocido.

En ese ambiente, utilicé una grabadora con buena sintonización y propuse un juego rítmico a los niños con los que trabajaba, que eran de entre siete y nueve años, más o menos. El juego consistía en caminar en círculos al ritmo de la música que sonara, sin chocarse ni golpearse. Cada cierto rato, según la tolerancia o el disfrute observados, y según mi objetivo, iba cambiando la emisora de tal manera que hubiera tan sólo un instante entre una y otra, obligándolos a realizar un ajuste en su velocidad y movimientos.

Al final, cuando ya habían caminado, brincado y bailado varios géneros musicales bien diferentes, comenzamos a conversar de las músicas que más les gustaron (este fue un error de ingenuidad, ya que los niños conservaban su opinión sobre el reguetón y las demás músicas), pero no recibí respuestas basadas en la experiencia inmediata sino en las opiniones ya introyectadas. Así que me enfoqué en preguntar, ya no por la música, sino por el movimiento, por cuál música los hizo mover más, cómo les parecieron sus movimientos, tuvieron qué inventarse un baile o los conocían ya todos, etc. Las respuestas tuvieron que quedarse en la experiencia y fue posible mostrarles que se puede disfrutar de muchos más géneros musicales.

Esta experiencia sirvió de rompehielos para aventarme a una actividad mucho más exigente: una fantasía dirigida con el Bolero de Ravel de fondo, la cual fue no sólo disfrutada por los niños, sino que también les permitió expresar mucho de ese potencial creativo que normalmente es criticado y negado en sus casas. Era bacanísimo ver niños que normalmente borran, tachan y destruyen sus dibujos antes de finalizarlos, esta vez llegar hasta el final del mismo y querer seguir dibujando y explicando lo que hicieron.

Saludos.

martes, 1 de noviembre de 2011

¡Que por qué los colombianos somos pobres...!

El título enlaza con un video publicado en youtube que aborda esta pregunta. El video presenta el asunto desde una perspectiva psicologista e individualizada que desconoce el campo social como un todo.

¿Por qué? Porque plantea como solución el cambio de mentalidad de la población colombiana, pero desconoce una tautología problemática cuando pasa raudo por el tema de la educación. Y es que las mentalidades de los pueblos, como el propio video lo insinúa, se construyen en la educación. Y la tautología es la siguiente: Si cambia la actitud de pobreza de los colombianos, cambia la sociedad y su educación. Pero ¿cómo va a cambiar la mentalidad de pobres de los colombianos, si no cambia la educación?

La problemática es cierta y los planteamientos también, pero no el enfoque. Porque si el cambio necesita de una mentalidad colectiva diferente, de una conciencia de cooperación y de trabajo, el problema no puede presentarse de manera individualista, como si la mentalidad de un pueblo fuera igual que la suma de las mentalidades individuales que lo conforman. Desconocer el campo dificulta la integración de figura y fondo. Y el video que estoy comentando, tiene una figura muy clara, pero también tiene un fondo muy borroso.

sábado, 13 de agosto de 2011

Ser o no ser ya no es el dilema, sino cómo ser y cómo dejar de ser.

Varias veces, cuando pienso en el calentamiento global llego una desoladora idea: la humanidad puede desaparecer y el resto de la naturaleza se recupería; y sobre el piso geológico que quede con los restos de nuestra humanidad, renacerán nuevas selvas, nuevos valles, nuevos montes. No somos indispensables para la Tierra, ella no nos necesita. Nosotros somos los que dependemos de ella. Hacemos parte de ese gran sistema, estamos relacionados y no podemos extrañarnos de él. 
La pugna por seguir la tendencia del progreso tecnológico, económico y social, con todo y sus efectos para la vida; la pugna también por continuar utilizando combustibles fósiles y mantener el estado económico de cosas, puede sobrevivir con el argumento de que la naturaleza no nos necesita y puede recuperarse... Es como el fumador que dice: de algo se tiene que morir uno, fumemos. Lo que no tienen en cuenta ni el fumador ni el petrolero es la forma en que se ha de morir. Por supuesto que todos moriremos. Sería estúpido negarlo. Lo sabemos desde que la tierra era tan parecida al huerto de Edén, que precisamente el mito también trata de responder por qué el género humano sabe de su propia muerte.
Elegir de qué manera moriremos es parte del sistema de la vida. Es uno de los asuntos principales del campo existencial vida-muerte, del ciclo vida-muerte-vida. No se niega que después de nosotros habrá más vida, pero sí se reconoce que ya no estaremos allí para disfrutarlo.

jueves, 19 de mayo de 2011

Una luz en el camino

En la vida hay cosas que marcan para bien y para mal.

Entre nacimiento y muerte, nuestro tránsito por la vida es bombardeado por una cantidad innumerable de influencias, situaciones, necesidades, interacciones que se quedan y van moldeando tu manera de ser en el mundo.

Te marca la cuna, te marca el cuadro del ángel de la guarda, no para rezarle sino para imitar sus colores, ángel similar al ángel de piedra del cementerio a donde me llevaba mi abuela casi todas las mañanas, ángel del aire, de la tierra, de la vida, de la muerte. Ángel de piedra. Ángel que quedó en mí como signo de algo que no es de aquí ni de allá.

Se quedan las grietas en la pared que te llevaron a tantos lugares sin salir del propio cuarto, grietas con formas de paisajes, de animales oníricos, de personas grietas repasadas una y otra vez con mis primeros colores y los lápices, los cuales le robaba a mi tío el loco. Taz! Palmada (de mi tío el loco). Se queda el color.

Descubrir el mundo, comérselo literalmente, destruirlo para volverlo a construir, eso me pasaba a mi.

Por eso me era tan difícil entender porqué me daban una palmada por ejemplo cuando comía tierra, la cual consideraba un banquete, no sólo por las texturas sino por la gracia de los colores (de nuevo) y por la clasificación ingenua que a mis tres o cuatro años hacia de ella: tierra amarilla rica, dulzona y fresca como un postre, en especial después de la lluvia. Tierra de capote, orgánica con ese olor delicioso que relacionaba con el chocolate sumado al crocante de las hojas descompuestas y uno que otro caracolillo. Tierra arenosa, especial para "cepillarte" y quitarte los excesos de las otras. Otras tantas clases de tierra con sabor a moneda, si moneda, porque también probé todas las monedas que pude pero debo aclarar que de mi favorita me sabía más rica la cara de la Pola (Policarpa Salavarrieta) que el sello de 5 Pesos Oro. Palmada. Cochino!

-Mamá ¿de dónde salen los colores?
- No sé hijo, no sé.

-Mamita ¿de dónde salen los colores?
-No sé mijito ¿ya los buscó debajo de la cama?
- :/

-Tío, ¿de dónde salen los colores?
-¿Tío? (el hombre tomaba ácidos y comía hongos)
-... Colores ... (decía él en el vuelo)
- :/

Los colores siempre me han marcado, por fuera y por dentro. Hicieron y hacen parte de mi organismo, me los comí inicialmente motivado por una atracción por el olor a crayola y desde ese momento todo mi mundo supo a color. La mina del color se convertía en un dulce, la tempera y la acuarela pintaban de sabores mi lengua, mi lengua saboreaba de colores la pared las manchas me decían cosas y esas cosas me transportaban, relatos salidos de mi propia lengua, lengua que me hablaba y hablaba de mí en colores. Taz! Palmada (por rayar las paredes y chupoarse los ladrillos).

Ya en la escuela me sentía algo extraño. Cuando trataba de jugar con los otros niños no encontraba gracia en lo que hacían: correr, tirar piedras, correr otra vez, pegarle a alguien y correr, correr detrás de una pelota, correr a la salida (lo que explica porqué mucha gente corre en la vida y no se detiene a apreciarla).

A diferencia de muchos, a mí me gustaban los árboles, me sentaba bajo su sombra, miraba hacia arriba, miraba el paisaje y de nuevo me impresionaba la magia de sus colores. Pero también me gustaba comerme el mundo, me comía el trozo de corteza de árbol, la hoja, la flor, el fruto, la pepa, la tierra a veces (pero ya de manera secreta, no quería que descubrieran mi vicio secreto de la infancia)

En el colegio comencé a probar otras cosas. Me gustaba la sensación de calambre ácido que dejaba la pila de la calculadora, pila de litio que dejaba al sabor de la Eveready (roja) en una categoría pobre y seca. Me gustaba morder el termómetro y algunas veces hasta guardaba dinero para comprar uno en las farmacias sólo por el placer de masticarlo y jugar con el mercurio mientras separaba delicadamente los trozos de vidrio con mi lengua. Gas! usté si es raro!

Siempre fui creativo en mi búsqueda de sensaciones, así comencé una clasificación de sabores, olores y colores, texturas y sonidos (si no tengo música difícilmente vivo y disfruto) que se combinaban todos en mi boca y en mi cuerpo. A mis 12 años los pegantes conformaron un período de investigación muy interesante y momentos de contemplación que años más tarde comprendí como intoxicaciones, llegué a la conclusión de que podía soñar según el color del pegante. Tal vez (entre otras) por eso llegué a la química, reforzado de alguna manera por la cantidad de pastillas, jarabes, inhaladores, inyecciones y hasta supositorios que entraron a mi cuerpo de "niño enfermo de asma" (pobrecito) (sintomático) (reservorio de conflictos familiares).

Hoy me ví de nuevo en el interior de una carpa hecha por una sábana mojada, esto pasaba muchas veces en mi infancia y era para "respirar mejor". Esta escena, sumada a los efectos de tanto medicamento, sangre de paloma, gurre, hierba así, baño de esto y aquello, hicieron que en mi se generara la necesidad de ver mi organismo alterado por sustancias. Soñar,volar y comerme el mundo eran parte de mis días y aún lo siguen siendo.

Mi pesadilla recurrente de niño aparecía cuando dejaba de ver el mundo en mi sueño, cuando desaparecía el color y el sonido y sólo quedaban las texturas en un fondo oscuro y borroso. Eso me hacía dejar de volar y en la caída sentía una sensación de ahogo, de falta de aire que era generada por la falta de color.

Además me gustaba oler los libros, llegando a la conclusión de que su aroma se compone del material de sus hojas pero también del contenido de sus historias. Los cuentos mientras más viejos más añejos, como el buen vino. Los periódicos ni huelen ni saben, son artificiales y momentáneos, no los quieres tener mucho tiempo, los libros de matemáticas me parecían muy cuadrados y no encontraba la forma de asimilarlos. Una buena novela si que le daba sabor a mis tardes de adolescente; leía mientras los demás corrían en la cancha y al final de la tarde, bajo la sombra del árbol ya estaba en otro universo.

Un par de años más tarde me dediqué a probar gente y también tuve una clasificación interesante, quizá por eso me gusta tanto escuchar. Cada persona es una oportunidad de entrar en una dimensión diferente, mi percepción se activa por el deseo de conocer, de explorar y de nuevo siento eso que me hacía tan feliz en la infancia, siento que vuelo hasta llegar a otro lugar construído por un otro, como cuando leo, cuando sueño o cuando altero mis sentidos.

Muchas personas han pasado por mi vida, algunas cuando se van dejan literalmente un "sin sabor" pero también un "sin color", lo importante es que dejan una huella que nutre mi catálogo de percepciones, dejan un aprendizaje, una historia que contar, por lo tanto una huella de que estuve en un lugar diferente al mío. Actualmente tengo la mejor historia de colores que haya podido construir alguna vez con alguien, esta historia está llena de fantasías que se materializan y se quedan no sólo en mi sueño sino en mi espacio, alguien con quien todos los días aprendo, juego y me divierto.

A mi me ha pasado y me sigue pasando, cada día procuro aprender algo nuevo, encontrar una nueva relación entre las cosas, entre las palabras, entre los mundos. Juego a ser feliz y me divierto en el proceso, detesto sentirme enojado, aunque a veces no logre controlarlo.

Precisamente ayer reconocía este asunto como algo que de alguna manera me aleja de este mi mundo, en mi vida el enojo se ha estado quedando sin espacio, pero a veces viene, me da una palmada como aquellas.

Pero hoy he tenido un darme cuenta delicioso, hoy sin miedo reconozco que soy lo que soy gracias a estos y otros muchos elementos que tal vez recuerde más adelante. El enojo esta semana ha sido la palmada que necesitaba (por aquello de mi aprendizaje) para poder comprender y en tanto sentí ese darme cuenta fui de nuevo feliz, es como un orgasmo pero mezclado con teletransportación a otros mundos.

El video de la conferencia de este señor fue el detonante de esa palmada mental. Algo que venía aplazando hace varios meses ha cerrado una Gestalt y me ha dado la motivación que necesitaba para vencer el agotamiento, tanto que preferí escribir a dormir. Espero no ser un pesado con esta catarsis.

Hoy he vivido una epifanía.