En poco tiempo en el campo de la educación, me he dado cuenta de varios problemas. Algunos me parecen "culturales" y a otros los llamaría "estructurales"; los primeros tienen que ver con los estilos y maneras de expresar y presentar la realidad, privilegiados en el campo de la educación inicial, donde hay una tendencia a expresar las problemáticas desde el eufemismo, porque esa ha sido la comprensión a que han llegado tanto del constructivismo como del humanismo. Como ejemplo de ello, las devoluciones realizadas a las familias sobre algunas necesidades especiales de tipo cognitivo, emocional o comportamental, las cuales tienen muy buenas intenciones como evitar el etiquetamiento o la estigmatización, pero adolecen de falta de claridad: "el niño prefiere actividades que implican movimientos fuertes y motricidad gruesa", "la niña disfruta principalmente de actividades que requieren motricidad fina". Pero ¿qué esconden estas frases -y otras muchas semejantes-, qué hay detrás para poderlas llamar eufemismos? En el primer caso, se evita comunicar a los padres tanto las dificultades para realizar actividades que implican motricidad fina como la necesidad de modulación de las emociones en su vida cotidiana. En el segundo caso, se evita explicar la importancia de la motricidad gruesa en las posibilidades de socialización y participación con pares. Pero el problema práctico de esta situación no es qué se evita decir, sino qué dificultades no se atienden, qué posibilidades de atención estratégica se pierden, qué respuestas de la familia no llegan a tenerse en cuenta en el proceso de educación inicial...
Estas características "culturales" dan paso a una problemática más estructural del sistema educativo y están conectadas al mismo como un aspecto específico de este complejo problema: la poca articulación en el proceso de transición hacia la educación regular, no tanto en cuanto a lo que a documentación se refiere, sino en cuanto a lo relacionado con la comunicación de los procesos y su continuidad, el papel de las familias en este tránsito y el modo en que la institución educativa a la que llegan niños y niñas recibe la información y ejecuta su parte en este tránsito. Lo que he visto -sin tener un plan de investigación- tan solo como un observador de procesos, historias y testimonios, tan solo como actor de este complejo problema, lo que he visto me habla de desarticulación, de información que se da y no se toma en cuenta, de falta de contacto entre ambas institucionalidades, de desconfianza ante la manera en que podrían manejar la información las instituciones educativas que la reciban, de pérdida de credibilidad en el manejo de la información efectuado por las instituciones de educación inicial; pero sobre todo, hablan de una seria contradicción entre los sistemas pedagógicos propios de ambos entornos, mientras la educación inicial emplea métodos participativos en los que los niños y las niñas tienen un alto grado de libertad para elegir -desde los proyectos educativos hasta los juguetes con los que quieren interactuar-, en la educación regular el enfoque privilegia la disciplina, el orden y el silencio, dejando muy poco espacio tanto para la participación como para la libertad y la espontaneidad.
La pregunta tiene diferentes formas, según la disciplina que la formule: el sociólogo podrá preguntar por las relaciones individuo-sociedad que se favorecen en ambos modelos, la pedagoga podrá interesarse por cuál enfoque será más adecuado para la educación en general, cuáles son las ventajas y desventajas de los mismos o cuáles son los condicionantes históricos y epistemológicos de estos enfoques, desde la psicología también hay muchas preguntas posibles; la mía trata de indagar sobre la manera en que niño o niña experimentan dicho proceso de tránsito, tanto en la familia como en ambos entornos educativos y qué efectos tiene para el desarrollo de competencias sociales como la espontaneidad y de aptitudes para la vida como la creatividad.
Espacio para hacer contacto con la teoría, la práctica y la experiencia. Para dar cuenta y darse cuenta del desarrollo académico, fenomenológico y existencial. Galeón donde los poetas, los taumaturgos, los profetas y los blasfemos vagabundean por los siete mares sin apearse en ningún sitio.
martes, 16 de abril de 2013
sábado, 2 de febrero de 2013
NUEVO CICLO (Prodromo)
Esta nave comienza a llevarnos a costas inusitadas. Es el momento de explorar y apearnos de la nave de los locos para llevar algo de la claridad de la locura en cada paso que damos por esta tierra desconocida.
Nuestras antorchas están encendidas y nuestros ojos están ávidos de hallazgos. Pero nuestro andar no es ya el mismo que nos movía hace unos años cuando comenzábamos esta deriva de locos, poetas y profetas. Hemos pasado por los mares de teorías existenciales, hemos atravesado canales y estrechos metodológicos, hemos descansado en remansos de actividades vivenciales y experiencias con el cuerpo, el movimiento, las artes gráficas y musicales. Hemos estado en silencio y hemos sorteado tormentas y corrientes, vientos a favor y vientos en contra. Y en este instante del viaje, nuestra barca encuentra un sitio donde podamos descender y establecernos. Nos parece algo venturoso este encuentro y descendemos con nuestra barca bien asegurada, ningún loco quiere dejar de ser tan loco como para dejar de explorar. Decía que nos parece venturoso y provechoso porque ya se divisaban nubarrones de tormentas capaces de aniquilarlo todo a su paso, nubarrones que van borrando lo que ven diferente, fortaleciéndose con los escombros.
Ahora, entonces, descendamos de esta nave de los locos pero nunca la olvidemos. Nunca se sabe cuándo habrá que volver a zarpar.
jueves, 30 de agosto de 2012
Para aclarar.
Recibí por correo electrónico el artículo que reproduzco a continuación, no sin antes dejar un comentario mío e invitar a todos los participantes de este blog a comentar sus impresiones, opiniones y críticas al mismo. Me parece que hay allí una oportunidad perdida por aventurarse a afirmar conclusiones estructurales. Cito a Renato Zambrano, un colega cercano: "Cuando sólo se tiene un martillo por herramienta, todo comienza a parecerse a un clavo".
Se desperdicia la oportunidad de criticar el modelo cultural del consumismo, junto con sus prácticas sociales y de crianza, por dar lugar a una ambigüedad: si se trata de algo estructural de la mente humana, entonces no hay crítica cultural que valga. El problema es que se habla de ambas como si implicaran la misma cosa. Si hay cambios estructurales en la mente humana, el problema se hace insoluble a través de la pura reflexión, y se cae en una tautología, ya que no se puede definir qué dio origen a qué; si fueron las prácticas sociales y de crianza las que causaron los cambios estructurales en la mente humana o si fueron estos cambios estructurales en la mente humana los que dieron lugar a cambios en las prácticas sociales y de crianza. Una investigación que parta de la casuística debe cuidarse de universalizar conclusiones elevándolas al nivel de estructura.
El mérito está en la inquietud por casos tan problemáticos. Son temáticas tabú en las instituciones encargadas de proteger y velar por los derechos de niños, niñas y adolescentes y se tratan como si fueran meras excepciones, negando que sí hay problemáticas cada vez más agudas en la estructura social por cuenta del consumismo y las relaciones interpersonales cada vez más utilitarias y superficiales. Ahí sí dio en el clavo el doctor Guillermo Carvajal. En esto sí estoy de acuerdo, pero, repito, por obnubilarse ante la sensación de estar "ante un nuevo ser humano", puede estar perdiendo la oportunidad de incidir en el problema cultural que evidencia.
Estamos ante un nuevo ser humano"
Por: Mariana Suárez Rueda
Publicado en http://www.elespectador.com/impreso/vivir/articulo-369499-estamos-un-nuevo-ser-humano
Tras 15 años de investigación, el psiquiatra Guillermo Carvajal concluyó que la mente de niños y adolescentes sufrió un cambio estructural. Sus relaciones afectivas se transformaron y ahora son más arriesgados y vulnerables. ¿Qué está sucediendo?
El psiquiatra Guillermo Carvajal tiene más de 40 años de experiencia clínica en adolescentes. Los casos que ha visto han inspirado varios libros. / El Espectador
Jean Paul, de ocho años, entra entusiasmado al consultorio. No ve la hora de mostrarle a su psiquiatra el nuevo video de internet que circula entre sus amigos. Se trata del cuento de Ricitos de Oro, pero totalmente modificado. Los diálogos están llenos de palabras y expresiones soeces y en una de las escenas un castor abusa sexualmente de la pequeña niña.
Karla, de once años, acude al mismo lugar porque fue expulsada del colegio y sus padres no saben qué hacer. Con picardía mira al psiquiatra y le dice que no entiende por qué tanto alboroto, si lo único que hizo fue revender unas pastillas de éxtasis entre sus compañeras, pero jamás se atrevió a consumir ninguna.
Contrario a los casos anteriores, Alicia, de 12 años, llega preocupada. No sabe cómo resolver el problema que la aqueja. Su novio se peleó con su novia y está en el dilema de a cuál de los dos elegir, si a él o a ella. Brenda, de 13 años, abre la puerta del mismo consultorio con una sonrisa. Está feliz porque el día anterior le dio derechos sexuales especiales a un amigo cercano. No son novios y no tienen ningún compromiso salvo el mutuo acuerdo de satisfacer los deseos del otro.
Durante casi dos décadas el psiquiatra y psicoanalista Guillermo Carvajal ha escuchado en su consultorio casos como estos, pero en los últimos cinco años ha notado un cambio estructural en la mente de niños y adolescentes. ¿Qué está sucediendo? Para encontrar respuestas repasó las historias clínicas de sus pacientes y comenzó una investigación que concluyó con la publicación del libro Prioridad: pervertir a los niños, que se lanza este jueves en Bogotá y que busca poner a reflexionar a padres, maestros, autoridades y a los mismos menores de edad.
Lo que encontró este profesor universitario, fundador del Instituto Colombiano de Psicoterapia Integral, “es que los infantes y jóvenes están cada vez más desprovistos de las cosas que consideramos importantes en nuestra crianza. Son más rebeldes, incrédulos, curiosos, sin límites en su conocimiento, con una percepción compleja que les permite realizar con éxito varias actividades al mismo tiempo”.
Sin embargo, dice con preocupación, asimismo han desarrollado una tendencia brutal a la acción sin pensamiento, con gran osadía y sin medir las consecuencias. Su mente, asegura, “es una especie de mezcla entre máquina y persona y la computadora juega un papel primordial”. Además han encontrado nuevas maneras de mirar la realidad y la sexualidad. Todo está permitido.
Aunque de lo descrito se desprenden aspectos maravillosos, como su habilidad para desenvolverse, aprovechar la tecnología y aprender cualquier cosa con facilidad, también puede llevarlos a situaciones peligrosas de no retorno. Carvajal llegó a la conclusión de que estamos ante un nuevo ser humano, que se caracteriza por su bajo nivel de frustración y por estar propenso a autodestruirse. Es egoísta, abandonó cualquier forma de espiritualidad y su manera de relacionarse con otros es diferente.
No busca el compromiso, sino la satisfacción inmediata de los deseos, la sexualidad cruda y desafectada y por eso los noviazgos, por ejemplo, están siendo reemplazados por relaciones espontáneas basadas en el sexo. “A esto se suma un marcado rechazo a la escuela, un constante aburrimiento e infelicidad. Y, advierte Carvajal, como experto en la conducta humana no puedo quedarme callado ante estos fenómenos”.
La explicación a lo que está sucediendo es compleja, pero principalmente se basa en el consumismo desmedido, en la sobreestimulación que están recibiendo constantemente de la publicidad, la internet y la televisión, en la ansiedad que experimentan de tener que comprar cosas y poseer el último dispositivo, celular o atuendo, de estar conectados todo el tiempo sin ningún límite.
La llamada generación net es brillante, pero terriblemente vulnerable, influenciable. La escuela ha hecho bien en transformar sus modelos represivos por una educación amorosa, que no frustra. Pero es vital que padres y maestros tomen conciencia del impacto del consumismo desmedido y se vuelvan más prácticos. Finalmente, concluye Carvajal, “que no olviden que hoy a nuestros niños y jóvenes les sobra la información, lo que hace imperativo organizarla para que les sea útil y productiva y encuentren en ella valores agregados que aporten a su formación como seres humanos”.
Se desperdicia la oportunidad de criticar el modelo cultural del consumismo, junto con sus prácticas sociales y de crianza, por dar lugar a una ambigüedad: si se trata de algo estructural de la mente humana, entonces no hay crítica cultural que valga. El problema es que se habla de ambas como si implicaran la misma cosa. Si hay cambios estructurales en la mente humana, el problema se hace insoluble a través de la pura reflexión, y se cae en una tautología, ya que no se puede definir qué dio origen a qué; si fueron las prácticas sociales y de crianza las que causaron los cambios estructurales en la mente humana o si fueron estos cambios estructurales en la mente humana los que dieron lugar a cambios en las prácticas sociales y de crianza. Una investigación que parta de la casuística debe cuidarse de universalizar conclusiones elevándolas al nivel de estructura.
El mérito está en la inquietud por casos tan problemáticos. Son temáticas tabú en las instituciones encargadas de proteger y velar por los derechos de niños, niñas y adolescentes y se tratan como si fueran meras excepciones, negando que sí hay problemáticas cada vez más agudas en la estructura social por cuenta del consumismo y las relaciones interpersonales cada vez más utilitarias y superficiales. Ahí sí dio en el clavo el doctor Guillermo Carvajal. En esto sí estoy de acuerdo, pero, repito, por obnubilarse ante la sensación de estar "ante un nuevo ser humano", puede estar perdiendo la oportunidad de incidir en el problema cultural que evidencia.
Estamos ante un nuevo ser humano"
Por: Mariana Suárez Rueda
Publicado en http://www.elespectador.com/impreso/vivir/articulo-369499-estamos-un-nuevo-ser-humano
Tras 15 años de investigación, el psiquiatra Guillermo Carvajal concluyó que la mente de niños y adolescentes sufrió un cambio estructural. Sus relaciones afectivas se transformaron y ahora son más arriesgados y vulnerables. ¿Qué está sucediendo?
El psiquiatra Guillermo Carvajal tiene más de 40 años de experiencia clínica en adolescentes. Los casos que ha visto han inspirado varios libros. / El Espectador
Jean Paul, de ocho años, entra entusiasmado al consultorio. No ve la hora de mostrarle a su psiquiatra el nuevo video de internet que circula entre sus amigos. Se trata del cuento de Ricitos de Oro, pero totalmente modificado. Los diálogos están llenos de palabras y expresiones soeces y en una de las escenas un castor abusa sexualmente de la pequeña niña.
Karla, de once años, acude al mismo lugar porque fue expulsada del colegio y sus padres no saben qué hacer. Con picardía mira al psiquiatra y le dice que no entiende por qué tanto alboroto, si lo único que hizo fue revender unas pastillas de éxtasis entre sus compañeras, pero jamás se atrevió a consumir ninguna.
Contrario a los casos anteriores, Alicia, de 12 años, llega preocupada. No sabe cómo resolver el problema que la aqueja. Su novio se peleó con su novia y está en el dilema de a cuál de los dos elegir, si a él o a ella. Brenda, de 13 años, abre la puerta del mismo consultorio con una sonrisa. Está feliz porque el día anterior le dio derechos sexuales especiales a un amigo cercano. No son novios y no tienen ningún compromiso salvo el mutuo acuerdo de satisfacer los deseos del otro.
Durante casi dos décadas el psiquiatra y psicoanalista Guillermo Carvajal ha escuchado en su consultorio casos como estos, pero en los últimos cinco años ha notado un cambio estructural en la mente de niños y adolescentes. ¿Qué está sucediendo? Para encontrar respuestas repasó las historias clínicas de sus pacientes y comenzó una investigación que concluyó con la publicación del libro Prioridad: pervertir a los niños, que se lanza este jueves en Bogotá y que busca poner a reflexionar a padres, maestros, autoridades y a los mismos menores de edad.
Lo que encontró este profesor universitario, fundador del Instituto Colombiano de Psicoterapia Integral, “es que los infantes y jóvenes están cada vez más desprovistos de las cosas que consideramos importantes en nuestra crianza. Son más rebeldes, incrédulos, curiosos, sin límites en su conocimiento, con una percepción compleja que les permite realizar con éxito varias actividades al mismo tiempo”.
Sin embargo, dice con preocupación, asimismo han desarrollado una tendencia brutal a la acción sin pensamiento, con gran osadía y sin medir las consecuencias. Su mente, asegura, “es una especie de mezcla entre máquina y persona y la computadora juega un papel primordial”. Además han encontrado nuevas maneras de mirar la realidad y la sexualidad. Todo está permitido.
Aunque de lo descrito se desprenden aspectos maravillosos, como su habilidad para desenvolverse, aprovechar la tecnología y aprender cualquier cosa con facilidad, también puede llevarlos a situaciones peligrosas de no retorno. Carvajal llegó a la conclusión de que estamos ante un nuevo ser humano, que se caracteriza por su bajo nivel de frustración y por estar propenso a autodestruirse. Es egoísta, abandonó cualquier forma de espiritualidad y su manera de relacionarse con otros es diferente.
No busca el compromiso, sino la satisfacción inmediata de los deseos, la sexualidad cruda y desafectada y por eso los noviazgos, por ejemplo, están siendo reemplazados por relaciones espontáneas basadas en el sexo. “A esto se suma un marcado rechazo a la escuela, un constante aburrimiento e infelicidad. Y, advierte Carvajal, como experto en la conducta humana no puedo quedarme callado ante estos fenómenos”.
La explicación a lo que está sucediendo es compleja, pero principalmente se basa en el consumismo desmedido, en la sobreestimulación que están recibiendo constantemente de la publicidad, la internet y la televisión, en la ansiedad que experimentan de tener que comprar cosas y poseer el último dispositivo, celular o atuendo, de estar conectados todo el tiempo sin ningún límite.
La llamada generación net es brillante, pero terriblemente vulnerable, influenciable. La escuela ha hecho bien en transformar sus modelos represivos por una educación amorosa, que no frustra. Pero es vital que padres y maestros tomen conciencia del impacto del consumismo desmedido y se vuelvan más prácticos. Finalmente, concluye Carvajal, “que no olviden que hoy a nuestros niños y jóvenes les sobra la información, lo que hace imperativo organizarla para que les sea útil y productiva y encuentren en ella valores agregados que aporten a su formación como seres humanos”.
viernes, 10 de febrero de 2012
Bello, Antioquia, Colombia.
Sábado, 11 de febrero de 2012
00:18
El motivo de esta misiva sin mucho futuro es simple: estoy harto de sentir sobre mis espaldas, y también en forma de tensión sobre la boca del estómago, la llamada deuda histórica hacia la mujer. Yo no tengo ni con qué pagar los servicios públicos, mucho menos voy a poder pagar siglos y siglos de desigualdad por cuenta de tantísimos antepasados de todas las personas (me niego a utilizar ese vicio de todos y todas, no sólo por no sacrificar la fluidez de la misiva, sino porque además de no pagar ninguna deuda escribiendo ambos géneros en cada artículo, pienso que terminaría separando hasta en el discurso a las mujeres de los hombres como si no hicieran parte del grupo humano principal: el de las personas o, para quienes sientan más comodidad con los lenguajes filosófico-psicoanalíticos: el de la subjetividad -¿cómo sonaría los y las sujetos y sujetas?-).
Luego de este largo paréntesis, continúo con mi imposibilidad de pagar ninguna deuda, y mucho menos histórica. Además de que no he sido partidario de patriarcados, ni matriarcados, y teniendo en cuenta que la exclusión femenina se dio bajo el patriarcado ejercido desde la política y la iglesia, más que todo católica; y como yo no soy ni político ni sacerdote, me parece injusta esa presión sobre la boca del estómago y esa tensión sobre la espalda. Es más, mujeres, si hay tipos buenas papas con ustedes, somos precisamente aquellos a quienes ustedes más les martillan ese asunto de la deuda histórica.
Si la deuda histórica es no poder hablar con libertad, sino bajo la estricta autovigilancia (por no decir autosensura) que imprime el "enfoque de género" (además de lo enredado que es a veces
-pues si ustedes mismas se pegan unas enredadas tremendas-). Un "enfoque" bajo el cual los hombres no pueden ya decir nada porque las mujeres hablan y mandan a callar, interrumpen a los hombres, y además de todo, no les vuelven a dar la palabra aunque se les entuma la mano de mantenerla levantada...
Si el "enfoque de género" es cobrar la deuda histórica, entonces prefiero que crean que soy un enemigo de sus feminismos, porque mi postura es muy diferente. Estoy hablando desde aquí y desde ahora, considerando la necesaria justicia y equidad de los géneros, pero manteniéndome lejos de las posturas revanchistas que muchas veces prosperan subliminalmente hasta en reuniones corporativas donde, ya se sabe, hay mujeres muy inteligentes y muy bien preparadas, las cuales con toda seguridad tienen claro (intelectualmente) que el "enfoque de género" no es eso de cobrárselas con los hombres de ahora por los maltratos y las exclusiones de los hombres de antes, sino que mira la realidad actual y lucha porque esos maltratos y exclusiones no se perpetúen. Y sin embargo, a pesar de esta claridad (insuficiente por ser más que todo intelectual) suceden, como ya dije, subliminalmente (por no decir la trillada expresión psicoanalítica), varias actitudes y tendencias que niegan esa "claridad" de manera tajante (física y corporalmente, a través de las actitudes y los gestos).
Hermosas, quiero que tengan claro que no soy un enemigo, sino un loco que dice lo que piensa y observa. Por favor, pónganse atención, tal vez puedan asentir mis observaciones o desmentirme. Ojalá me desmientan con sus actitudes y gestos. Gracias por la atención prestada.
Atentamente,
Ex Ácaro 2 y Átomo anatómico 1.
Actualmente, TDAH 3
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Una experiencia de apertura musical
Un juego simple con las emisoras puede dar lugar a una actividad bien interesante para permitir experiencias nuevas con el cuerpo y los sentidos, dando lugar a una mayor tolerancia a lo desconocido.
Les comparto el juego para que lo utilicen cada vez que lo necesiten. En el barrio donde estoy trabajando, casi la única música que se puede oír es reguetón. Oír un vallenato es una odisea y un rock ya es un milagro. Sin embargo, he sido testigo de varias odiseas y he sido partícipe de uno que otro milagro. Los niños y jóvenes tienen una actitud cerrada a otros ritmos musicales, pero más bien porque no los han oído casi. Es decir, porque ni siquiera han podido desarrollar el gusto por otros géneros: no los han probado hasta encontrarles el sabor. Y mientras más tiempo pasan evitando ese contacto, más difícil será que puedan encontrar dicho sabor, porque más intolerantes se habrán vuelto y con mayor premura presionarán el cambio al esquema vocal, rítmico y corporal conocido y hasta trillado. Su gusto por el reguetón ya no es sólo un gusto, sino también un síntoma de angustia ante lo desconocido.
En ese ambiente, utilicé una grabadora con buena sintonización y propuse un juego rítmico a los niños con los que trabajaba, que eran de entre siete y nueve años, más o menos. El juego consistía en caminar en círculos al ritmo de la música que sonara, sin chocarse ni golpearse. Cada cierto rato, según la tolerancia o el disfrute observados, y según mi objetivo, iba cambiando la emisora de tal manera que hubiera tan sólo un instante entre una y otra, obligándolos a realizar un ajuste en su velocidad y movimientos.
Al final, cuando ya habían caminado, brincado y bailado varios géneros musicales bien diferentes, comenzamos a conversar de las músicas que más les gustaron (este fue un error de ingenuidad, ya que los niños conservaban su opinión sobre el reguetón y las demás músicas), pero no recibí respuestas basadas en la experiencia inmediata sino en las opiniones ya introyectadas. Así que me enfoqué en preguntar, ya no por la música, sino por el movimiento, por cuál música los hizo mover más, cómo les parecieron sus movimientos, tuvieron qué inventarse un baile o los conocían ya todos, etc. Las respuestas tuvieron que quedarse en la experiencia y fue posible mostrarles que se puede disfrutar de muchos más géneros musicales.
Esta experiencia sirvió de rompehielos para aventarme a una actividad mucho más exigente: una fantasía dirigida con el Bolero de Ravel de fondo, la cual fue no sólo disfrutada por los niños, sino que también les permitió expresar mucho de ese potencial creativo que normalmente es criticado y negado en sus casas. Era bacanísimo ver niños que normalmente borran, tachan y destruyen sus dibujos antes de finalizarlos, esta vez llegar hasta el final del mismo y querer seguir dibujando y explicando lo que hicieron.
Saludos.
Les comparto el juego para que lo utilicen cada vez que lo necesiten. En el barrio donde estoy trabajando, casi la única música que se puede oír es reguetón. Oír un vallenato es una odisea y un rock ya es un milagro. Sin embargo, he sido testigo de varias odiseas y he sido partícipe de uno que otro milagro. Los niños y jóvenes tienen una actitud cerrada a otros ritmos musicales, pero más bien porque no los han oído casi. Es decir, porque ni siquiera han podido desarrollar el gusto por otros géneros: no los han probado hasta encontrarles el sabor. Y mientras más tiempo pasan evitando ese contacto, más difícil será que puedan encontrar dicho sabor, porque más intolerantes se habrán vuelto y con mayor premura presionarán el cambio al esquema vocal, rítmico y corporal conocido y hasta trillado. Su gusto por el reguetón ya no es sólo un gusto, sino también un síntoma de angustia ante lo desconocido.
En ese ambiente, utilicé una grabadora con buena sintonización y propuse un juego rítmico a los niños con los que trabajaba, que eran de entre siete y nueve años, más o menos. El juego consistía en caminar en círculos al ritmo de la música que sonara, sin chocarse ni golpearse. Cada cierto rato, según la tolerancia o el disfrute observados, y según mi objetivo, iba cambiando la emisora de tal manera que hubiera tan sólo un instante entre una y otra, obligándolos a realizar un ajuste en su velocidad y movimientos.
Al final, cuando ya habían caminado, brincado y bailado varios géneros musicales bien diferentes, comenzamos a conversar de las músicas que más les gustaron (este fue un error de ingenuidad, ya que los niños conservaban su opinión sobre el reguetón y las demás músicas), pero no recibí respuestas basadas en la experiencia inmediata sino en las opiniones ya introyectadas. Así que me enfoqué en preguntar, ya no por la música, sino por el movimiento, por cuál música los hizo mover más, cómo les parecieron sus movimientos, tuvieron qué inventarse un baile o los conocían ya todos, etc. Las respuestas tuvieron que quedarse en la experiencia y fue posible mostrarles que se puede disfrutar de muchos más géneros musicales.
Esta experiencia sirvió de rompehielos para aventarme a una actividad mucho más exigente: una fantasía dirigida con el Bolero de Ravel de fondo, la cual fue no sólo disfrutada por los niños, sino que también les permitió expresar mucho de ese potencial creativo que normalmente es criticado y negado en sus casas. Era bacanísimo ver niños que normalmente borran, tachan y destruyen sus dibujos antes de finalizarlos, esta vez llegar hasta el final del mismo y querer seguir dibujando y explicando lo que hicieron.
Saludos.
martes, 1 de noviembre de 2011
¡Que por qué los colombianos somos pobres...!
El título enlaza con un video publicado en youtube que aborda esta pregunta. El video presenta el asunto desde una perspectiva psicologista e individualizada que desconoce el campo social como un todo.
¿Por qué? Porque plantea como solución el cambio de mentalidad de la población colombiana, pero desconoce una tautología problemática cuando pasa raudo por el tema de la educación. Y es que las mentalidades de los pueblos, como el propio video lo insinúa, se construyen en la educación. Y la tautología es la siguiente: Si cambia la actitud de pobreza de los colombianos, cambia la sociedad y su educación. Pero ¿cómo va a cambiar la mentalidad de pobres de los colombianos, si no cambia la educación?
La problemática es cierta y los planteamientos también, pero no el enfoque. Porque si el cambio necesita de una mentalidad colectiva diferente, de una conciencia de cooperación y de trabajo, el problema no puede presentarse de manera individualista, como si la mentalidad de un pueblo fuera igual que la suma de las mentalidades individuales que lo conforman. Desconocer el campo dificulta la integración de figura y fondo. Y el video que estoy comentando, tiene una figura muy clara, pero también tiene un fondo muy borroso.
¿Por qué? Porque plantea como solución el cambio de mentalidad de la población colombiana, pero desconoce una tautología problemática cuando pasa raudo por el tema de la educación. Y es que las mentalidades de los pueblos, como el propio video lo insinúa, se construyen en la educación. Y la tautología es la siguiente: Si cambia la actitud de pobreza de los colombianos, cambia la sociedad y su educación. Pero ¿cómo va a cambiar la mentalidad de pobres de los colombianos, si no cambia la educación?
La problemática es cierta y los planteamientos también, pero no el enfoque. Porque si el cambio necesita de una mentalidad colectiva diferente, de una conciencia de cooperación y de trabajo, el problema no puede presentarse de manera individualista, como si la mentalidad de un pueblo fuera igual que la suma de las mentalidades individuales que lo conforman. Desconocer el campo dificulta la integración de figura y fondo. Y el video que estoy comentando, tiene una figura muy clara, pero también tiene un fondo muy borroso.
sábado, 13 de agosto de 2011
Ser o no ser ya no es el dilema, sino cómo ser y cómo dejar de ser.
Varias veces, cuando pienso en el calentamiento global llego una desoladora idea: la humanidad puede desaparecer y el resto de la naturaleza se recupería; y sobre el piso geológico que quede con los restos de nuestra humanidad, renacerán nuevas selvas, nuevos valles, nuevos montes. No somos indispensables para la Tierra, ella no nos necesita. Nosotros somos los que dependemos de ella. Hacemos parte de ese gran sistema, estamos relacionados y no podemos extrañarnos de él.
La pugna por seguir la tendencia del progreso tecnológico, económico y social, con todo y sus efectos para la vida; la pugna también por continuar utilizando combustibles fósiles y mantener el estado económico de cosas, puede sobrevivir con el argumento de que la naturaleza no nos necesita y puede recuperarse... Es como el fumador que dice: de algo se tiene que morir uno, fumemos. Lo que no tienen en cuenta ni el fumador ni el petrolero es la forma en que se ha de morir. Por supuesto que todos moriremos. Sería estúpido negarlo. Lo sabemos desde que la tierra era tan parecida al huerto de Edén, que precisamente el mito también trata de responder por qué el género humano sabe de su propia muerte.
Elegir de qué manera moriremos es parte del sistema de la vida. Es uno de los asuntos principales del campo existencial vida-muerte, del ciclo vida-muerte-vida. No se niega que después de nosotros habrá más vida, pero sí se reconoce que ya no estaremos allí para disfrutarlo.
Elegir de qué manera moriremos es parte del sistema de la vida. Es uno de los asuntos principales del campo existencial vida-muerte, del ciclo vida-muerte-vida. No se niega que después de nosotros habrá más vida, pero sí se reconoce que ya no estaremos allí para disfrutarlo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)